Senda
enero 27, 2012
Perdóname abuelo
por ser idiota
perdona
mi queja quieta.
Perdona a mi padre
por dejarse arrastrar.
Perdona a mi madre
por negarse a volar.
Heredé tu dicha
y tu anhelo.
De algo tan mío
que no encuentro.
¿Qué me han robado
que me llena de furia?
¿qué me han robado
que lo echo tan en falta?
Es como un sueño
que no acierto a recordar.
Una luz
de la que todo es sombra.
Gota
que todo colma.
Sé que me falta.
Sé que lo tengo.
Un silencio tan cierto
que obliga a escuchar en él.
Hasta oír
tus pasos.
Veo tus huellas
en mi camino
Como viste las mías
en el tuyo.
No quiero ser
viejo y
no sabio,
ni labrar
páramos yermos.
Gota
que todo colma.
Sé que me falta.
Sé que lo tengo.
Nota para supervivientes en “tiempos interesantes”
enero 20, 2012
“En una época de cambios drásticos, uno puede preocuparse demasiado por lo que acaba o bien obsesionarse demasiado con lo que parece empezar. En ambos casos, se pierde contacto con el presente y con sus posibilidades, oscuras, pero dinámicas. Lo que importa realmente es la apertura, la disposición, la atención, la valentía para hacer frente al peligro. No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía, fe y esperanza. En tal caso, la valentía es la forma auténtica del amor.”
Thomas Merton, Confesiones de un espectador culpable
Hoy es solsticio de invierno, el amanecer más “frágil”, la aurora (imagen de la primera) que recuerda el milagro de todas las auroras. Como la eclosión del huevo de un trémulo polluelo nacido para ser fénix indestructible.
Una garceta esbelta como un junco, blanquísima, se adentra algunos días hasta la rotonda de la avenida y camina y come insectos de su césped. Pareciera que al venir hasta aquí abre las puertas de la ciudad desde un lugar fabuloso. Quién pudiera seguirla a su retorno.
Diciembre. La entrada en la avenida que siempre me trae la sensación de intemporalidad -esa que me recuerda a las veredas descritas por Swedenborg donde los ángeles pasean- hoy ha estado empañada por el extraño calor de este otoño, casi invierno ya. Me doy cuenta que cuando algo así sucede me asaltan fantasías apocalípticas, como si el instante antes de que todo acabara las cosas se pusieran del revés, como si estuviera percibiendo, casi detenido, el momento en que la bomba estalló y la deflagración del aire aún no ha ocurrido, aunque ya ha empezado a calentarse. Las ramas de los árboles todavía están llenas de hojas e imagino el fuego que las consumiría. Pero pienso también en el fuego que las transmuta en el oro del que parecen estar hechas.
El círculo
noviembre 7, 2011
El niño da vueltas
sobre sí mismo,
por la feliz ebriedad del vértigo.
Ni siquiera sabe que es él.
Luego le dicen que es él.
Pero nadie le explica el sentido de eso.
La vida le pasa,
como un juego.
Como una mascarada
que deja todo desierto.
Nadie le habló de eso.
Sólo pasa y ya está.
Y conchas fosilizadas
de los seres del instante,
erosionadas por el aburrimiento,
se elevan para volar alrededor,
en la tormenta de arena
que no deja ver el cielo.
Hasta acabar el niño
sin energía geotérmica,
como Marte.
Sin atmósfera.
¿Hubo vida en Marte?
¿Hubo vida en este o aquel?
Corren y corren
tiempos histéricos,
corren en círculo.
Dando tumbos en sus órbitas.
Alrededor de un sol que se apaga.
No se deduce un sentido
en el hecho de haber nacido
pero se intuye una obligación.
Los bebés llegan
con el olor de la eternidad
y nada perdura.
¿No es eso una señal?
La muerte es inocente:
lo que en verdad la hace justa
es que a unos los siega
y a otros los aúpa.
El Océano
octubre 26, 2011
“Preguntas sobre el océano: está dentro de la gota.”
Ibn ‘Arabî
El vaivén del oleaje en la orilla del mar se presenta como la respiración de una infinidad que ha consentido en desbordarse en una forma limitada frente a nuestros ojos. Y aún así su inmensidad aturde. Es difícil apartar la vista de él por su belleza e imposible no sentir temor reverencial ante lo insondable que se abre sólo un poco más allá, en realidad en cuanto nuestros pies dejan de tocar fondo. Incluso imaginarse siendo una criatura marina cuyo mundo no es sino éste no disminuye para nada el vértigo y el misterio, sino que lo aumenta al darnos cuenta que nos sería accesible también lo que se encuentra más allá de la superficie.
Bestias gigantes que durante siglos se creyeron leyenda viven en las profundidades y en las simas, y fantaseando con que somos un cachalote joven a punto de embarcarse en la prueba de alguna iniciación guerrera, nos imaginamos partiendo en su busca en lo profundo.
Tratando de encontrar lo irreductiblemente otro nos probaríamos a nosotros mismos buceando hasta el límite del mundo, y las criaturas más extrañas que jamás imaginamos se reflejarían en nuestos ojos y nosotros en los suyos reconociéndonos mutuamente a pesar de todo.
Y he aquí el misterio que quizá no pensamos encontrar al partir en nuestra misión y sin el cual, en verdad, todo resultaría una mera anécdota.

El habitante del valle
agosto 11, 2011
Cuando vives en el valle la vigilancia debe ser perpetua. Eso al menos sé ahora. Se nos ha dicho que las montañas a nuesto alrededor forman una muralla natural, pero todo cambia cuando comprendes que nada, ni siquiera en este mundo, es sólo natural.
Los días de densa niebla, cuando hasta lo cercano se hace invisible, he creído ver caminos desconocidos que serpentean sobre las laderas que ascienden a los bosques. Sé que otros han hablado antes de grietas que conducen muy lejos, tal vez a lo largo de grutas que llegan al límite del reino y terminan en los acantilados. Se cuenta que el océano ruge allí, pero yo creo que canta. Canta alto y profundo recordándonos que aquel que choca contra sus muros se rompe; pero quien lo sabe se salva.
