El enfado de Leó Szilárd II
Junio 21, 2007
Segunda Parte. La Ciencia hace Ficción y la Ficción hace Ciencia.
Si la idea de la reacción en cadena se le ocurrió a Leó Szilárd bajo la inspiración una novela de ciencia ficción de H.G.Welles, lo que sir Frederick Soddysobre dictó en unas conferencias sobre la radiactividad en la Universidad de Glasgow inspiró a H.G.Welles en la creación de dicha novela.
Fueron unas conferencias que versaban sobre la radiactividad y en 1908 se publicaron bajo el título “La Interpretación del Radio”. Tanta fue su influencia sobre el pensamiento del novelista H.G. Welles que éste comienza su libro el mundo liberado con una dedicatoria a sir Frederick y su obra.
Muchas novelas de ficción recuerdan en sus comienzos las obras y reflexiones de científicos. Las hipótesis científicas suelen abrir un horizonte de expectativas tecnológicas y sociales que sirven de estímulo a la imaginación de los novelistas y como un nuevo fondo en el que plantearse las viejas cuestiones del drama humano. Un ejemplo arquetípico puede ser Frankenstein, de Mary W. Shelley, que empieza así:
“El hecho que fundamenta esta narración imaginaria ha sido considerado por el doctor Darwin y por otros escritores científicos alemanes como perteneciente, hasta cierto punto, al campo de lo posible.”Ese doctor es Erasmus Darwin, el abuelo del famoso autor del “Origen de las Especies”. Cuando Frankenstein se gestaba en la mente de Mary Shelley, lo que estaba en boga en las discusiones entre científicos no era la radiactividad, sino la electricidad y su papel en los sistemas vivos. Al propio compañero de Mary, el poeta Percy Bysshe Shelley le fascinaban, al igual que muchos intelectuales de la época los experimentos de Giovanni Aldini.
Catorce años antes de que Mary Shelley escribiera ese prólogo, Giovanni Aldini describía los efectos que producía la aplicación de ambos electrodos en el oído y la boca del cadáver de un ahorcado:
“La mandíbula empezó a temblar, los músculos contiguos se torcieron de un modo horrible y abrió el ojo izquierdo”.
Bajo la teoría del Galvanismo se llevaron a cabo experimentos sobre la animación de cadáveres. Casi se convirtió en rutina hacerles gesticular. Se hablaba de una hipotética “electricidad animal”, un fluido eléctrico cuyo control pudiera ser decisivo para la humanidad.
Pero, a diferencia de la reacción en cadena, las consecuencias que planteaba el galvanismo, su horizonte de futuro, Frankenstein, no se hizo realidad. Ahora, la genética, como antes el galvanismo, está estimulando cuestiones sobre el futuro de la humanidad. Su aplicación actual viene siendo muy limitada comparada con la potencialidad que se le atribuye. El tiempo hablará hasta qué punto el futuro estará regido por las consecuencias de dicha tecnología.
Incluso el progreso de Internet, que suele superar la imaginación de los novelistas que imaginan el futuro para ambientar sus obras, tiene sus anticipaciones. En 1909, E.M. Foster, en “La Máquina Se Detiene” (The Machine Stops) presenta una sociedad donde la gente vive físicamente aislada en compartimentos estandarizados. Apartados de la experiencia propia, discuten sin final ideas prefabricadas, comunicándose a través de una máquina global de la que dependen física y espiritualmente.
Estos trazos de historia de la ciencia y la literatura nos servirán para reflexionar sobre el origen y la responsabilidad de las creaciones culturales en general y las técnicas en particular. ¿Era inevitable la invención de la Bomba Atómica? ¿Hasta qué punto era Léo o Einstein responsables? ¿Hasta qué punto es el individuo el artífice de historia a través de su poder de decisión?
Rémi
Junio 19, 2007
Aquella noche Rémi sintió un impulso casi desesperado. No era propio de él, pero haberse cruzado con aquella chica, su “adorada desde la distancia” Rebeka, bailarina ecuestre de aquel espectáculo circense al que llevaba acudiendo con asiduidad desde hacía casi dos años, fue como una señal.
La primera vez que la vio cuando aún tenía quince años se sintió como un insecto ante un ángel a caballo, y desde entonces su imaginación y sus sueños viajaban hasta ella prácticamente a diario. En ese pedestal se había resignado a tenerla… hasta este momento.
Alguien como él, guardián de la ciudad, un lobo capaz de apaciguar a los espíritus o combatir junto a su manada contra bestias legendarias, debía poder ser capaz de acercarse a ella, de poder oler el perfume que sabía más sublime a todo cuanto había olido, y hacerlo directamente sobre su blanco cuello.
Y fue el rastro de su aroma lo que siguió aquella noche de luna creciente durante horas. Aquello le llevó al galope de sus cuatro patas hasta una zona con pocas y dispersas casas entre arboledas a unos kilómetros de París. Se detuvo al resguardo de la vegetación a escasos metros de la puerta. En su interior podía oler a los caballos en sus cuadras y la presencia de otras personas, pero ya no quiso esperar ni pensar en nada más, sólo dejarse llevar. Mirando hacia lo que imaginó su ventana aulló como nunca lo había hecho. Otros lobos habrían podido entender el mensaje de aquel emocionado sonido: <te quiero amor mío, asómate y déjame contemplarte a la luz de la Luna>. Su insistencia se vio recompensada cuando la ventana se abrió y ella se asomó curiosa. Entonces él aulló más quedamente diciendo: <sí, aquí estoy, por favor no cierres tu ventana>, y continuó conversando con ella para acrecentar su curiosidad y decirle todo lo que tal vez jamás le confesaría en forma humana. Cuando ella cerró la ventana repentinamente Rémi se sintió desesperado creyendo que al final se habría cansado o asustado, pero ya no quería ni podía marcharse y decidió quedarse a velar su sueño desde la soledad de los árboles.
Pero poco después sintió movimiento más allá de la verja y vio a la chica abrir la puerta y salir cogiendo las riendas de su caballo. Montó y salió al trote pasando no muy lejos de donde él se había agazapado. Después se puso en marcha siguiendo el rastro del caballo. La observó en la distancia seguro de que le estaba buscando, así que decidió dejarse encontrar. Rebeka detuvo el caballo cuando Rémi salió a su encuentro, deteniéndose frente a ella a pocos metros. Con intención de no asustarla se sentó sobe sus patas traseras y emitió un suave gemido. Ella le miró entre fascinada, curiosa y tensa pero entendió sus mensajes y desmontó acercándose lentamente. Le habló con dulzura, con el tono con el que se le habla a un niño querido, pero no lo hizo en francés, por lo que Rémi era libre de imaginar el sentido de aquellos bellos sonidos mientras dejó que se aproximara. Cuando la tuvo muy cerca frotó su cabeza contra la mano de ella quien pronto le acarició entre las orejas, primero un poco temblorosa, después más segura, mientras continuaba susurrándole con tono dulce. Rémi estiró de la falda del camisón que sobresalía bajo la chaqueta para que ella se sentara y cuando lo hizo se tumbó a su lado apoyando la cabeza en su regazo. Podía oler su tensión y miedo, pero también su excitación y tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no perder el control. Con cada una de sus caricias una oleada de sensaciones recorría su lomo y su vientre, mientras se emborrachaba con el olor de la piel de Rebeka que iba cambiando por momentos. Con cuidado de no atemorizarla metió su hocico dentro de la chaqueta y acarició con él sus pechos y su vientre ante lo cual ella se quedó muy quieta y callada. Después se dejó caer despacio hacia atrás quedándose tumbada en el suelo mientras un gemido de sorpresa y placer se le escapaba. Aquel sonido le impulsó a seguir adelante y embriagado empezó a lamer la piel de sus muslos. Ella separó las piernas temblorosa y Rémi se abandonó por completo a su invitación sintiendo en su lengua y hocico la suavidad de su carne.
Apunto estuvo de cambiar a su forma humana y hacerle el amor allí mismo, sin más, pero de nuevo mantuvo el control y sintió cómo cambiaba su aroma y su cuerpo se tensaba, para después quedar como muerta mientras suspiraba profundamente. Rémi se tumbó a su lado maravillado ante tanta belleza y vio como tras reponerse ella le miraba todavía algo incrédula, como esperando despertar en cualquier momento. Pasó su brazo sobre él y volvió a hablarle cariñosamente. Comprendió que le preguntaba algo y tuvo que contenerse para no asentir con la cabeza; <sea lo que sea lo que quieras de mí, sí>, gruñó suavemente. Después ella se levantó y acercándose a su caballo lo acarició y lo montó. Rémi se incorporó y la miró hasta que quedó fuera de su vista. Después se dejó caer desplomado, como herido por un arma de plata, y mirando hacia arriba entre las ramas vio la luna y supo que su vida ya no le pertenecía.
La frecuencia fundamental de María Carrillo.
Junio 15, 2007
Lo primero, como todos los días desde que empezó su iniciación fue hacer bien la cama. Luego abrió el armario y comprobó que la maleta estaba lista. Se vistió metódicamente, se rodeó el cuello con un pañuelo y atravesó el salón del piano para salir hacia su último día de trabajo en la universidad.
Pero sonó el teléfono. Cualquier cosa fuera de lo planeado le ponía de los nervios. Por eso María Carrillo había desterrado todo lo inesperado de su vida hasta sacrificarlo todo por el Plan. Ya había abierto la puerta y el teléfono insistía aumentando las probabilidades de que no fuera la llamada errónea de un desconocido.
Descolgó casi desafiante, dispuesta a acabar con esa pequeña incertidumbre. Al otro lado sonó lo que parecía el tono de un fax. María tardó demasiado en reconocer la Melodía en él.
Arrancó torpemente el cable del auricular y salió corriendo. A un metro de la puerta chocó de cara contra una barrera invisible reventándose la nariz. La sangre descendía por los lados de un decágono regular que parecía formarse en el aire.
Mientras ella sacaba el lápiz esa cosa empezó a vibrar a su alrededor atravesándola con sus sonidos. María sabía que el primer paso sería el análisis y el cálculo del periodo de vibración característico de su cuerpo para luego emitir la consiguiente frecuencia de resonancia. Tenía poco tiempo hasta que el gólem emitiera el sonido que la destruiría descomponiéndola hasta lo más elemental.
Pero ella tenía una oportunidad. Conocía el secreto del Número. Primero palpó hasta hacerse una idea de la forma y tamaño de la bolsa que le rodeaba. Rallando en el suelo de madera comenzó a hacer hipótesis poco plausibles que servirían de semilla para su salvación. Ella buscaba el ritmo que podía llevar a esa criatura hasta una inercia de vibración caótica parecida a un infarto de corazón. Pero eran muchos cálculos y mucha la precisión necesaria, y el dolor de su nariz rota no le permitía concentrarse.
Pensaba en eso cuando empezó la canción. Su cuerpo respondió vibrando con ella, los huesos temblaban por dentro y todas sus estructuras, sólidas o no, tiritaban. La sangre del suelo entró en ebullición formando burbujas poliédricas. La muerte estaba cerca y María Carrillo sólo pudo gritar antes de reventar en una masa de astillas, carne y sangre.
El ser destructor era ahora rojo, como una célula sanguínea con una tormentosa emulsión homogénea en su interior. Siguió con su vibración, hasta que ya no hubo tejido, sólo gas y cristales de mineral de calcio en suspensión. Ya no había nada de María cuando cesó la turbulencia.
Terminada su misión, el gólem se marchó, dejando tras de sí una nube que pronto se difundiría quedando el salón cubierto de una fina capa de polvo blanco.
El enfado de Leó Szilárd
Junio 15, 2007
Una historia sobre un enfado, una novela de ciencia ficción, y la invención de la bomba atómica.
Primera parte. El peatón enfadado.
Era el 12 de septiembre de 1933 cuando el físico húngaro Leó Szilárd esperaba enfadado el semáforo para cruzar la Avenida de Southampton, en el centro de Londres. La fuente del enfado estaba en un artículo en el que Ernest Rutherford tachaba la obtención de energía nuclear como algo no plausible.
Le vino a la cabeza un relato de ficción titulado “Bombas Atómicas” publicado dentro de la novela de H.G. Wells “El Mundo Liberado“. Y fue esa secuencia de emociones y pensamientos la que encendió en su mente la idea de cómo obtener una reacción nuclear en cadena. Un año después pidió la patente para cederla al almirantazgo británico en 1936.
Desde luego que Léo era un hombre especial. Bueno y cariñoso hasta resultar extravagante, predijo la primera guerra mundial y los acontecimientos de la segunda con años de antelación. Vivía en hoteles con la maleta siempre preparada y a mano. Había llegado a Londres escapando de los nazis.
En 1939, escribió el borrador de la carta que, con la firma de Albert Einstein, urgía al presidente de los EEUU, Franklin D. Roosevelt a que tomara acciones como:
“Acelerar el trabajo experimental, que en estos momentos se efectúa con los presupuestos limitados de los laboratorios de las universidades, con el suministro de fondos, si fueran necesarios, con contactos con personas privadas que estuvieran dispuestas a hacer contribuciones para esta causa, y tal vez obteniendo la cooperación de laboratorios industriales que tuvieran el equipo necesario.”
Lo propuesto en este párrafo se llevaría a la práctica más tarde en el Proyecto Manhattan, que daría como resultado tangible la bomba atómica, y como resultado político y cultural el complejo militar-industrial-académico y la consiguiente militarización de la vida política internacional incluso en tiempos de paz.
La Bestia de Gévaudan
Junio 8, 2007

En los alrededores de Aveyron, en el corazón de Francia, entre 1764 y 1767, se le atribuyó a un extraño animal la muerte de más de 130 campesinos. En su mayoría mujeres y niños.
Los testimonios sobre su aspecto son dispares. Cuerpo de leopardo, patas de oso, ojos luminosos o la propiedad de plegarse de la cabeza a la cola. Se decía también que era mucho mayor que un lobo, con rayas negras en los cuartos traseros y una cresta de pelos largos en el lomo, una cola larga y robusta y una gran boca provista de dientes enormes.
Muchas de las víctimas aparecieron destrozadas, y algunas con señales de haber sido violadas. Por entonces había numerosos lobos en la zona. Muchos se cazaron en batidas. Pero las muertes continuaban. La intervención del ejército no paró la matanza. Hasta las potencias extranjeras aprovecharon para desprestigiar al rey ante su ineficacia.
Un capitán de los Dragones describió a ese ser como una bestia tan grande como su caballo, pero mucho más ágil, sin inmutarse ante los disparos de sus acompañantes, que no parecían atravesar su piel.
Las muertes siguieron hasta que un campesino mató un lobo descomunal. Más grande de lo que se había visto hasta entonces en Francia. Hasta se dice que se le abatió con balas de plata obtenida fundiendo medallas de la Virgen María.
Es imposible separar los hechos acontecidos de la leyenda en torno a su explicación. Lo cierto es que, la Bestia de Gévaudan, sin importarle qué es mito y qué es historia, permanece oculta, indefinida, en los bosques de la memoria.
Eclipse de Luna
Junio 7, 2007
Sobre la barriga de la mujer cambiante, mi tribu y yo tratamos de encontrar el camino de vuelta. Esta mañana la estrella roja de Coyote nos auguraba la peor de las desgracias y al anochecer nubes de sangre han ocultado la Luna.
Es así como Hijo del Agua nos dice que ha vuelto la era de los monstruos. Corremos furiosos por la ira. Aullamos de rabia, de desesperación, invocando a Matador de Enemigos, su hermano gemelo.
Al alba comenzará la cacería.
La Venganza de los Mitos
Junio 7, 2007
Es curioso, cuanto alguien intenta alejarse más de los mitos, más les sirve. El mundo está lleno de fanáticos que no son más que seguidores tan aferrados una estructura mítica que son incapaces de ver más allá. Se suelen autoproclamar realistas. Creen que sus afirmaciones son reales, y que las alternativas son meras fantasías.
Su elección fue tan inconsciente, tan inmadura, o tan lejana, que basan la razón de su existencia en la frágil certeza de que su estilo de vida era el único factible. Años de negación a cualquier alternativa, años de inercia, para después, ante la desilusión o los problemas, acabar afirmando que la vida es una mentira cruel carente de sentido.
Alguien dijo una vez “la política la haces o te la hacen”. Yo afirmaría algo análogo de la vida: “la vida la haces o te la hacen“. Si no haces tu propia vida ésta puedes acabar siendo propiedad de otros. Este es el verdadero sentido de la palabra alienado.
La Aurora
Junio 7, 2007
La aurora llega cada día. Es un acontecimiento que, los que nos han tapado el horizonte nos han hecho olvidar. Como las estrellas y el cosmos en general.
Esta alegría de que amanezca puede parecer ridícula para el hombre moderno, pero ¿qué es de verdad importante?
