El pozo

Octubre 28, 2008

Creyó que ya no tenía acceso al agua maravillosa porque el pozo se había secado. Es más, analizándolo bien, lo más probable es que nunca hubiera existido tal pozo, por lo que sería prudente no volver a pensar en él. Y tras levantar un escudo de razones no quiso o no supo ver la terrible sencillez de lo ocurrido: había dejado morir sus raíces.
Eso fue el día en que pasó a creer, sin darse cuenta, que viajar desde Nunca Jamás a Utopía es como ir de ningún sitio a ninguna parte.

Escuchar

Octubre 3, 2008

No hay soledad, ni silencio,
ni nada sin el resto,
ni tierra en la que no se haya llorado,
ni viento que no lleve todas las palabras,
ni pérdida.

El cielo se desploma cada día
sobre el que no aprecia su azul,
bastaría comprender su dolor
para saber que no hay vacío.

1

ONOE NOBUSHIGE

Incluso para ese ambiente desolador, Onoe Nobushige resultaba opaco en exceso.

Había sido propuesto por la Corporación Ikura para un programa de investigación en inteligencia simulada y Nobushige, por un acuerdo con la universidad, estaba obligado a aceptar si quería conservar su trabajo.

La sede de la Corporación estaba ubicada en el edificio Sendae, más conocido popularmente como el Cubo Rubik. Como era costumbre para cada nuevo invitado de cierta categoría profesional, Rubik acogió al doctor en su seno con un saludo de bienvenida personalizado en voz neutra y armónica.

Dentro, una recepcionista de piel de caucho que fingía limarse las uñas, giró su cara hacia las pupilas de Nobushige. Se levantó y tras andar delicadamente un trayecto mínimo, le indicó con una pequeña reverencia la ubicación de los ascensores.

Este despliegue de juguetes ostentosos repelía tanto al doctor Onoe que tuvo que hacer una pausa de unos minutos y tomar aliento.

2

POR QUÉ ONOE NOBUSHIGE ODIA LA TECNOLOGÍA

Y no sólo la tecnología, el Doctor Onoe odia todo lo mecánico, incluso el mismísimo metal.

Nobushige calla la mayor parte del tiempo para no dejar escapar el odio que atesora en su corazón. La mayoría de la gente es un vestigio apocado a sus ojos , hipnotizada por las rutinas imbéciles de las máquinas. Para el doctor Onoe la robótica era el último escalón del descenso de la humanidad, el final de una desdichada era de decadencia.

En su juventud soñó con ayudar a la Naturaleza, acelerar en lo posible esta agonía cósmica. Estudió a la Máquina con detenimiento y casi llegó a admirarse por su poder de asimilación. Estuvo tentado de dejarse llevar por la inercia de alguna secta milenarista hasta una muerte inútil y falsa pero dulce. Si no lo hizo fue por falta de valor y exceso de amor propio.

Ahora, deshonrado por los tiempos, Onoe Nobushige vivía con la vergüenza de haber echado a perder su vida en lugar de ponerle fin honrosamente. Es por eso, por seguir vivo a pesar de todo, por lo que no se veía mejor que los demás.

Una sombra.

Continuará…

Luminosa Incertidumbre

Julio 4, 2008

En la hora de la verdad, las esperanzas fingidas ya no cierran los ojos.
Los deseos falaces caen -como garrapatas muertas- de la flor de piel, del auténtico Anhelo.

Ante un aparente fin próximo, los miedos que tramaron esos deseos confiesan su ridículo.
Ante la certeza de ausencia de fin desaparecen, sin dejar rastro; en la Inmensidad.

Luminosa Incertidumbre.

Oscura Incertidumbre.

¡Qué valor mostrarían si fueran conscientes
de que van a morir,

de que están vivos,

de que Nada ocupa lo que Todo llena,
de que siempre es el principio

El sueño

Mayo 27, 2008

El sueño nos devuelve los recuerdos perdidos, el sabernos todo en cada instante, y hace desvanecer la ilusión de creer que sólo eres una corta historia y no la sincronía del infinito que no conoce los límites del tiempo y el espacio. Al soñar recobramos nuestra realidad de dáimones, de mensajeros, de psicopompos; en el reino que se despliega cuando se oculta la cegadora luz de la vigilia.

Una broma

Mayo 27, 2008

A veces el tiempo se me antoja algo falso, irreal, como el fruto de una mala idea o una torpe confusión:

“-¿Te imaginas que la vida fuera algo lineal, no sé, como una caída cuesta abajo imposible de frenar, y al final de la cuesta tal vez sólo nos esperara la nada?

-¡Caramba!, ¿y para qué querríamos imaginar eso?…”

Un cuento sufí

Abril 11, 2008

“Un famoso y respetado faquir se presentó ante las puertas del cielo, y las encontró cerradas con un único ángel de guarda. Cuando se le preguntó su nombre, el faquir decidió que las obras eran mejores que las palabras y puso en juego su repertorio completo.

En primer lugar hizo aparecer y desaparecer cosas, luego sopló fuego desde su boca. A continuación materializó a todo una asamblea de ochenta mil discípulos procedentes de su vida terrenal. Para terminar dirigió una proyección de poder especial hacia el ángel: el tipo de manifestación reservada para convencer a la gente en la tierra de su maravillosa naturaleza sagrada.

-Está bien -dijo el ángel-, abriré la puerta; pero no creo que te vaya a gustar estar ahí dentro…”

Narración recopilada por Idries Shah en su libro “Humor Sufí”, Barcelona, Ed. Integral-RBAlibros 2008.

-Para mí fue un milagro. Ser a veces una bestia hambrienta no me pareció demasiado pago por una prueba de la Justicia Divina. Mi pecado no fue otro que la falta de fe. Recuperarla me costó el alma. Me descubrí a mi mismo como instrumento de Nuestro Señor. Soy un demonio que hace su papel con el convencimiento de que tras de sí está la Divina Voluntad.

En esta última afirmación, el Vampiro alzó un poco su mano verdosa, contemplándola como si todavía, después de varios siglos, le sorprendiera una forma tan nauseabunda. Y aunque en última instancia su afirmación como parte del Plan era cierta, casi le cuesta la vida al pobre diablo. Pieter, alzó su espada y, murmurándome que no había arrepentimiento sino mezquino orgullo, sólo me dio tiempo a rogar que no lo matara antes de cortar la horrible mano de un tajo.

El monstruo se limitó a arrodillarse en el suelo soltando un agudo quejido, lastimoso como el de un niño herido de muerte, y la espada de mi compañero se calmó.

-¡Piedad, vuestra merced tenga la gracia de concederme un único momento de paz antes de poner mi otra rodilla en el Infierno! Dejadme confesar el pecado que me hizo tomar este sendero. ¡Confesión!

Le dejé seguir más por curiosidad que por esperanza de obtener arrepentimiento. Su contemplación ahora me hacía pensar sobre un orden que nunca se había roto, una cadena de seres de Dios en la que él ocupaba un terrible eslabón. Temí que Pieter notara en mi rostro algo de asentimiento ante su proceder y pensara que había caído en algún tipo de encantamiento. Me asaltó el miedo de que así fuera, pero tenía a Pieter, siempre dispuesto. Pieter el Implacable, el Penitente, mi fiel amigo.

El habla suave del monstruo cortó mis pensamientos:

-Era Julio y se ultimaba un viaje con el que uno de los muchos bastardos del Papa Inocencio ofrecería de nuevo a los malditos Reyes Católicos oro que saquear y reinos a los que imponer el fuego de la Iglesia.

Se decía que Inocencio VIII era padre de Roma, no por Papa, sino por ser padre carnal de gran parte de sus ciudadanos. Era débil y avaro y su pecado atraía a la enfermedad como el excremento a las moscas.

Yo acechaba allí, en la ciudad más corrupta y podrida de la cristiandad, curando la legión de gentes que pululaban alrededor del dinero y la lujuria. Y una mañana todo un ejército papal se presentó en mi puerta para llevarme en presencia del Santo Padre, que deliraba en la cama pidiendo perdón por sus pecados.

Le desperté con un salmo y un poco de humo. Mantuvimos una corta conversación que un demonio me dictaba al oído. Le prometí que podía sanarlo, como a muchos conocidos suyos, y le advertí con sinceridad que debería pagar un alto precio por postergar su muerte. Le enseñé las oraciones a Mi Señor, a quien se debía encomendar a partir de entonces.

No sé si por ignorancia o por costumbre, se sorprendió de que no le pidiera ningún favor material. Me ofreció tierras y títulos. Me dijo que había mucho oro por venir. Entonces le murmuré, por si no me había entendido bien: “sólo quiero tu alma”. Y al fin asintió tembloroso.

Le dimos de beber la sangre de tres niños, prometiéndoles a sus padres un ducado de oro que nunca les fue pagado, pues la muerte de sus hijos fue inútil. En su duermevela, fingiendo demencia, el pontífice bebía de un falso Cáliz de la última cena, mientras yo le mostraba mi verdadero rostro. Entró llorando en un profundo sueño del que despertó con un aspecto más digno de su alma, con el que vivió en secreto casi un año más, lo que tardamos en preparar debidamente al digno sucesor.

Lo que sigue ya no importa. La Justicia fue hecha. No puedo hacer nada a los Santos, y a los inocentes no puedo causar más daño que enviarlos a la Gloria.

Parecía que acababa su discurso. El final del pecador siempre es desdichado y sentí una gran piedad por todas las víctimas de la tentación. Entonces el Vampiro se levantó y siguió hablando, ahora con otra voz, y esta vez mirándome fijamente a los ojos dijo:

-Has obrado por orgullo dejándome hablar. No te preocupa mi alma, sólo tienes avaricia de saber. Te has dejado embaucar porque te gusta lo que soy. Ocupas un lugar que no te corresponde. No eres nada, ni judío, ni cristiano, ni turco. Buscabas al Monstruo y sabías que te encontrarías a ti mismo.

Sencillamente no podía reaccionar, el peso de sus palabras me mantenía inerte como cuando un gato aplasta un ratón contra el suelo.

- Y tú, ¡asesino de niños! -dijo volviéndose hacia Pieter-, has comido de..

Pero a Pieter ningún poder oscuro le velaba la vista y la cabeza del monstruo rodó antes de terminar la frase. Nos conocíamos y sabíamos de nuestras debilidades y nuestros pecados. Abrimos la puerta y dejamos pasar el aire.

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