Rémi

junio 19, 2007

Aquella noche Rémi sintió un impulso casi desesperado. No era propio de él, pero haberse cruzado con aquella chica, su “adorada desde la distancia” Rebeka, bailarina ecuestre de aquel espectáculo circense al que llevaba acudiendo con asiduidad desde hacía casi dos años, fue como una señal.

La primera vez que la vio cuando aún tenía quince años se sintió como un insecto ante un ángel a caballo, y desde entonces su imaginación y sus sueños viajaban hasta ella prácticamente a diario. En ese pedestal se había resignado a tenerla… hasta este momento.

Alguien como él, guardián de la ciudad, un lobo capaz de apaciguar a los espíritus o combatir junto a su manada contra bestias legendarias, debía poder ser capaz de acercarse a ella, de poder oler el perfume que sabía más sublime a todo cuanto había olido, y hacerlo directamente sobre su blanco cuello.

Y fue el rastro de su aroma lo que siguió aquella noche de luna creciente durante horas. Aquello le llevó al galope de sus cuatro patas hasta una zona con pocas y dispersas casas entre arboledas a unos kilómetros de París. Se detuvo al resguardo de la vegetación a escasos metros de la puerta. En su interior podía oler a los caballos en sus cuadras y la presencia de otras personas, pero ya no quiso esperar ni pensar en nada más, sólo dejarse llevar. Mirando hacia lo que imaginó su ventana aulló como nunca lo había hecho. Otros lobos habrían podido entender el mensaje de aquel emocionado sonido: <te quiero amor mío, asómate y déjame contemplarte a la luz de la Luna>. Su insistencia se vio recompensada cuando la ventana se abrió y ella se asomó curiosa. Entonces él aulló más quedamente diciendo: <sí, aquí estoy, por favor no cierres tu ventana>, y continuó conversando con ella para acrecentar su curiosidad y decirle todo lo que tal vez jamás le confesaría en forma humana. Cuando ella cerró la ventana repentinamente Rémi se sintió desesperado creyendo que al final se habría cansado o asustado, pero ya no quería ni podía marcharse y decidió quedarse a velar su sueño desde la soledad de los árboles.

Pero poco después sintió movimiento más allá de la verja y vio a la chica abrir la puerta y salir cogiendo las riendas de su caballo. Montó y salió al trote pasando no muy lejos de donde él se había agazapado. Después se puso en marcha siguiendo el rastro del caballo. La observó en la distancia seguro de que le estaba buscando, así que decidió dejarse encontrar. Rebeka detuvo el caballo cuando Rémi salió a su encuentro, deteniéndose frente a ella a pocos metros. Con intención de no asustarla se sentó sobe sus patas traseras y emitió un suave gemido. Ella le miró entre fascinada, curiosa y tensa pero entendió sus mensajes y desmontó acercándose lentamente. Le habló con dulzura, con el tono con el que se le habla a un niño querido, pero no lo hizo en francés, por lo que Rémi era libre de imaginar el sentido de aquellos bellos sonidos mientras dejó que se aproximara. Cuando la tuvo muy cerca frotó su cabeza contra la mano de ella quien pronto le acarició entre las orejas, primero un poco temblorosa, después más segura, mientras continuaba susurrándole con tono dulce. Rémi estiró de la falda del camisón que sobresalía bajo la chaqueta para que ella se sentara y cuando lo hizo se tumbó a su lado apoyando la cabeza en su regazo. Podía oler su tensión y miedo, pero también su excitación y tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no perder el control. Con cada una de sus caricias una oleada de sensaciones recorría su lomo y su vientre, mientras se emborrachaba con el olor de la piel de Rebeka que iba cambiando por momentos. Con cuidado de no atemorizarla metió su hocico dentro de la chaqueta y acarició con él sus pechos y su vientre ante lo cual ella se quedó muy quieta y callada. Después se dejó caer despacio hacia atrás quedándose tumbada en el suelo mientras un gemido de sorpresa y placer se le escapaba. Aquel sonido le impulsó a seguir adelante y embriagado empezó a lamer la piel de sus muslos. Ella separó las piernas temblorosa y Rémi se abandonó por completo a su invitación sintiendo en su lengua y hocico la suavidad de su carne.

Apunto estuvo de cambiar a su forma humana y hacerle el amor allí mismo, sin más, pero de nuevo mantuvo el control y sintió cómo cambiaba su aroma y su cuerpo se tensaba, para después quedar como muerta mientras suspiraba profundamente. Rémi se tumbó a su lado maravillado ante tanta belleza y vio como tras reponerse ella le miraba todavía algo incrédula, como esperando despertar en cualquier momento. Pasó su brazo sobre él y volvió a hablarle cariñosamente. Comprendió que le preguntaba algo y tuvo que contenerse para no asentir con la cabeza; <sea lo que sea lo que quieras de mí, sí>, gruñó suavemente. Después ella se levantó y acercándose a su caballo lo acarició y lo montó. Rémi se incorporó y la miró hasta que quedó fuera de su vista. Después se dejó caer desplomado, como herido por un arma de plata, y mirando hacia arriba entre las ramas vio la luna y supo que su vida ya no le pertenecía.

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3 comentarios to “Rémi”

  1. pandemonia Says:

    y ¿a quién le pertenece?

  2. mahatma Says:

    ¡Qué hermoso! Me gustó cómo están expresados el erotismo y la psicología de los personajes…

  3. Pola Says:

    Mahatma, muchas gracias por pasar por este espacio y por tu opinión.
    Rémi es un personaje al que le estoy cogiendo bastante cariño y no descarto escribir algún relato más sobre él.

    Un abrazo.


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