El error de Thiess el Grande

agosto 3, 2007

Cuando Thiess fue juzgado por licantropía en Jürgensburg en 1691 ya había cumplido los ochenta y seis años. Por supuesto no negó parte de las acusaciones; no sólo él, sino también sus compañeros se transformaban en lobos para viajar hasta el fin del mar, hasta el inframundo, lugar donde el diablo y los magos descendían para llevar las mercancías que robaban a las pobres gentes. Recuperaban así las cosechas y el ganado evitando que se arruinara la tierra. Por ello lo que jamás estaría dispuesto a confesar, lo que nunca pronunciaría su garganta ante los jueces sería el hecho de que su don se debiera a un pacto con el demonio. ¡Jamás le arrancarían semejante confesión! Él era uno de los “perros de Dios” y mantuvo y mantendría durante toda su vida los campos y los bosques limpios de esos magos y esas brujas que gustaban de torturar a sus víctimas con toda clase de maleficios.

Muchas habían sido las batallas en las que Thiess había participado y muchas las cicatrices recibidas: tenía la nariz rota del golpe de escoba que le propinó el infame Skeistan, un mago del que dio buena cuenta algo después. También lucía con orgullo las cicatrices de quemaduras fruto de sus encontronazos con diablos. Sin embargo, de pocas cosas estaba Thiess tan orgulloso como del día en que cazó y despedazó a tres strigoi, tres brujas especialmente poderosas que habían estado mortificando a las buenas gentes de Sighisoara, ciudad de Transilvania desde la que reclamaron su ayuda algunos de sus hermanos licántropos. Los lobos las habían estado buscando día y noche sin descanso y aunque no fue del todo infructuosa la búsqueda (si no a las strigoi al menos sí dieron caza a unos bandidos y a un par de vampiros), a menudo perdían el rastro de aquellas malditas en diferentes puntos del bosque como si se hubieran desvanecido en la nada.

Fue entonces cuando Thiess comprendió que necesitarían la ayuda de aquellos que mejor conocían el lugar y convocaron e interrogaron a todo tipo de animales, pero sólo obtuvieron respuestas confusas y aun contradictorias. Sin embargo sí contestaron con precisión a una de sus preguntas, pues dicho conocimiento se transmitía de generación en generación entre todo tipo de bestias: cuál era el árbol más viejo que todavía vivía en en el bosque.

A petición suya, los cuervos le llevaron ante el respetable anciano, casi milenario, cuya imponente copa, la envergadura de su tronco y los prodigiosos dibujos de sus nudos eran para él tan dignos de veneración como la más hermosa de las catedrales. Una vez allí les dejaron a solas y Thiess conversó largamente con el roble. Su conciencia, tal como el mismo le explicó, abarcaba todo el bosque a través de las raíces enmarañadas de todas las plantas que conformaban el tapiz de su espíritu y poco o nada escapaba a su conocimiento. Este era el caso de las indignas strigoi y así, mientras meditaba bajo sus ramas, el árbol le indicó dónde se encontraba el cubil secreto de las brujas, las cuales solían ocuparlo durante el día para reposar su malignidad lejos de la luz del sol.

Una vez conoció su secreto decidió no aguardar ni un minuto más, por lo que transformado en terrible lobo, a la carrera, llegó hasta la recóndita guarida y las destripó sin piedad sorprendiéndolas mientras dormían. Marchó después satisfecho a contar lo ocurrido a sus compañeros y todos festejaron y compusieron canciones sobre aquella gesta durante el banquete que se organizó en cuanto salió la luna no muy lejos del portal que llevaba hasta el fuerte de las hadas.

Pero lo que Thiess no sabía ni supo en lo que duró su larga vida, fue que había cometido un terrible error. Las strigoi eran brujas poderosas y su fama de vampiros no se debía sólo a que si sus cuerpos no eran destrozados tras su muerte podían vagar como no muertos, sino que también eran experimentadas exploradoras del reino de los sueños. Disfrazadas de pesadillas obtenían gran poder del terror que provocaban en sus víctimas y en ocasiones llegaban a enfermarlas o matarlas. Cuando sus cuerpos fueron destrozados, sus espíritus se refugiaron en los sueños que estaban tejiendo y juraron que hallarían el modo de volver a pisar este mundo y vengar la ofrenta recibida sobre toda la estirpe de Thiess y todo aquel que osara interponerse en su dominio sobre aquellos bosques.

Más de trescientos años después, bañado en sudor frío despertó en el refugio de los lobos el joven Thiess Dobre, aquel a quien los garou tras un augurio llamaron “El Mensajero del Grande”. Inquieto fue a hablar con sus compañeros y sin saber aún a qué se refería exactamente les dijo:

– Han vuelto.

En ese momento comenzó a nevar de nuevo y algo en su interior les dijo que ese invierno sería muy muy largo.

Relato de ficción inspirado en los datos sobre el licántropo lituano Thiess y su juicio citados por Mircea Eliade en su ensayo “Algunas observaciones sobre la brujería europea”

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9 comentarios to “El error de Thiess el Grande”

  1. Black Oborot Says:

    excelente relato,primera vez que conozco una visión distinta de las leyendas d hombres lobos, no conocía la historia de thiess.

  2. Pola Says:

    En las leyendas de Europa del este el hombre lobo se entendía como protector de las gentes y una suerte de chamán, ya que podía viajar al mundo espiritual y recobrar cosas en él perdidas. Cuando conocí estas leyendas me parecieron particularmente hermosas y me inspiraron diferentes relatos (de los cuales publiqué varios en este blog).
    Gracias por tu opinión.
    Un saludo

  3. huevocat1975 Says:

    intereante relato, la verdad que me sorperndio gratamente

  4. Pola Says:

    Muchas gracias y bienvenido.

  5. Lobo Says:

    Quisiera saber mas sobre este personaje, donde puedo tener mas infomarcion sobre Thiess y la Sociedad Oculta de los Licanthropos? Agradeceria mucho alguna informacion en la cual me relate mas sobre estos asombros sucesos, que me llama mucho la atencion. Gracias.

  6. Pola Says:

    Hola Lobo,

    el único lugar que conozco donde se cuenta acerca del caso de Thiess y de los licátropos como hostigadores de brujos y diablos y protectores de las cosechas -además del ensayo de Mircea Eliade que cito al final del relato-, es el libro “Historia noctura” del historiador italiano Carlo Ginzburg.

    Un saludo y gracias por pasar.

  7. Lobo Says:

    Gracias Pola, muy interesante voy a conseguirlo y disfrutarlo. Me gustan estas historias, si pones mas me gustaria leerlo. Cuidate un abrazo y gracias otra vez.

  8. Pola Says:

    De nada. Gracias a ti por leer. 🙂

    Si te apetece echar un vistazo, en este mismo blog hay algunos relatos más relacionados con esta temática. Puedes encontrarlos en la categoría “Lobos.”

    También dejé otro relato relacionado con este tipo de personajes en un blog que escribo y que es el diario de un mago. Por si quisieras verlo te dejo aquí la dirección de esa entrada en concreto: http://frantisekpola.blogspot.com.es/2008/09/el-filo-y-el-dragn.html

    Espero que te gusten. Un saludo!

  9. Lobo Says:

    Me gustaron de verdad, aun que espero que no creo que ya lei todo, ojala puedas pasarme más que no me canso. Estan muy interesantes estos relatos que despiertan más mi imaginación y espero que sigas subiendo más y que no olvides de mandarme el link, vale?

    Cuidate, Saludos!


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