Las meditaciones de la bruja Amaranta

agosto 12, 2007

Madre,

me trajiste al mundo en nuestra casa, en el bosque, aquella fría noche de noviembre casi sin luna. Los lobos llevaban todo el día aullando, “anunciando mi llegada” decía la abuela. Mis tres hermanas se nos unieron cuando yo salí de ti, pero también acudió aquel hombre de pelo rojo y ojos como el ámbar. Tú sabías que un espíritu me acompañaba y de algún modo también a él. Me dio su bendición y te dijo que no volvería a verme hasta pasado un tiempo. Y así lo hizo.

Aquella otra noche, doce años después, la luna y yo nos bañábamos en el río y la sangre de mi útero se mezcló con las aguas por primera vez. Entonces llegó Sticna. Me habló para explicarme que él siempre había protegido a aquellos que nacían hermanados con su espíritu, que compartían la otra mitad de la esencia de aquel poder que con su bendición le guiaba y protegía a lo largo de los siglos. Dijo que volveríamos a vernos y que si yo lo deseaba él sería mi maestro.

Pero cuando se marchó interrogué a las aguas iluminadas por la luna, y en su superficie plateada en lugar de mi reflejo vi el rostro del Lobo Rojo. Él me confesó que el orgullo de Sticna y el cumplimento de una venganza lo habían vuelto loco y que ya no le acompañaba por propia voluntad, sino sometido por su magia. Un día que Sticna estuvo apunto de morir, aprovechando su debilidad, el lobo se desgarró a sí mismo tratando de abandonarlo y esa mitad que me había escogido en mi nacimiento quería liberarse por completo:

– Será él o tú – me dijo – pues quiere recuperar lo que cree que es suyo.

Ahora que se está desarrollando mi poder, lo que Sticna cree saber sobre mí ha cambiado; mi verdadera naturaleza no le es conocida y tampoco mi destino. Me veo en un campo de batalla, cabalgando un dragón, luchando junto a los lobos. En frente, el mal que ahoga la tierra y debe ser expulsado. Junto a mí mi hijo, un varón que a pesar de su condición será presentado a la luna; su pelo será como el fuego y sus ojos no conocerán el miedo.

Pero un destino no se cumple si no colocamos las piedras que conducen hasta él, si no disipamos toda niebla que lo oculte.

Sticna es poderoso madre pero, como dice la abuela, sólo es un hombre.

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Una respuesta to “Las meditaciones de la bruja Amaranta”

  1. Vanesa Says:

    Querida Amaranta, qué gusto saber de tí, aunque sea un poco.
    ¿Así que estás con los lobos, y vas a tener un hijo?
    Me alegro mucho por tí, espero poder conocerlo un día de éstos.

    Un amigo que te quiere y te piensa en la distancia.

    JEROME.

    Llevas contigo una parte de mí.


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