El combate de Perun y Veles I. Los hijos de Perun

octubre 26, 2007

Jelena no se sorprendió cuando fue llamada al cónclave que se iba a celebrar en la colina del roble sagrado. La tormenta del día anterior había sido particularmente elocuente. Hacía tiempo que las flechas de Perun, los rayos con que el señor del cielo y guardián de los bienes de la tierra da caza a su enemigo, no habían caído con tal abundancia. Era la señal indudable de que algo grave pasaba. Había incluso quien dijo en aquella reunión que no sólo hubieron rayos, sino que llegó a verse sobre el valle una de las míticas “manzanas de oro” del dios, las esferas ígneas con las que aplica su justicia definitiva.

Mediante estas armas ha protegido desde siempre sus dominios. Estos abarcan el tronco y las ramas del Árbol Cósmico; los reinos de la tierra y del cielo. Con la forma de un águila se posa sobre la más alta de sus ramas y nada puede escapar a su vista. Siempre vigila en especial las apariciones sobre la tierra de Veles, señor del Inframundo, aquel que reina sobre las raíces del árbol y vuelve incansablemente convertido en dragón para robar todas las riquezas. No contento con compartir la esposa con Perun, el mismísimo sol que desciende a su reino cada noche, emerge para hacer suyos a los hijos de los hombres, el ganado o las cosechas. Es entonces cuando Perun, eterno centinela, persigue a la serpiente con sus rayos, y de nada suele servirle intentar esconderse bajo la forma de un animal u ocultarse tras un árbol. Cuando al fin es abatido, aquellos que todavía tienen oídos para escuchar oyen la atronadora voz de Perun gritando: “ese es tu sitio, ¡quédate ahí pues!”, y la lluvia baña la tierra para hacer que retorne lo arrebatado.

Pero ningún dios actúa solo, y Perun aún tiene servidores sobre la tierra.

Bajo aquel roble, los licántropos renovaron su juramento de proteger el mundo y viajarían, si fuera necesario, “más allá del mar” -de donde casi nadie regresa- para recuperar lo que los magos, ladinos adoradores de Veles, pudieran haber robado esta vez. Tatuaron para su iniciación a los más jóvenes con las marcas del trueno y separaron sus pasos prometiendo que se reunirían tras una semana para compartir lo que se hubiera descubierto.

Jelena, llamada entre los lobos “Vara del Roble” por su temple, sabiduría y sentido de la justicia, fue enviada por el anciano hacia la región del Carso, cerca de la frontera con Italia. Allí encontraría al adversario.

Perun contra Veles

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