El combate de Perun y Veles II. Los hijos de Veles

octubre 28, 2007

Como muchas otras mañanas, Bogdan cabalgó hasta el rincón del bosque donde su célebre antepasado Emerik Slavko Spacal erigió un pequeño altar para rendir culto a Veles. Hizo traer una losa grabada con su imagen que durante siglos había adornado la plaza de un mercado en un pequeño pueblo de Croacia, por algo es el dios de las riquezas y el comercio. Como protector del ganado, Emerik pensó que le ayudaría en su empresa cuando decidió dedicarse a la cría de caballos lipizanos y abastecer las caballerizas de la corte del emperador Maximiliano II en Viena. Y como mago buscaba la influencia de su patrón bajo la cual desarrollar al máximo sus artes. El hecho de que no las utilizara exactamente en beneficio de la comunidad era algo que durante su época llegó incluso a trascender en algunos escritos de la tradición. Debería haber sido por la lectura de estos escritos por lo que Bogdan, más de cuatrocientos años después, tenía que haber conocido las andanzas de su ancestro, pero esto no había resultado exactamente así.

Desde niño, Bogdan se había maravillado con las leyendas, los antiguos mitos y la magnífica colección de libros que formaban parte del legado familiar junto a la casa palaciega y las caballerizas. Maravillado sobre todas las cosas por la hermosura del mundo. Pronto comenzó a realizar en secreto sus propios estudios. Aprendió por ejemplo a invocar a los espíritus de los muertos, heraldos de Veles, para recibir de ellos todo tipo de consejos y mensajes. Fue a través de una de las puertas que había aprendido a abrir por donde acudió hasta él el espíritu de su ancestro.

Comenzó a visitarlo sin haber sido reclamado y le hablaba en sueños prometiendo entregarle todos los secretos que había atesorado en vida. Un día le mostró donde había enterrado un artefacto que el mismo había elaborado; se trataba de un Strophalos, un disco de oro que tenía grabados caracteres arcanos y un zafiro en su centro y le enseñó a manejarlo según las enseñanzas de Proclo. Aquello que tenía escrito era una poderosa fórmula que otorgaba poder sobre el mundo sobrenatural, haciéndolo visible al ojo humano. Con el tiempo, su ancestro fue aproximándose a él más y más hasta que comenzó a hablarle de la existencia de un poderoso artefacto de temible poder y del lugar donde había sido ocultado: “tómalo y yo te enseñaré a manejarlo. Hazlo antes de que vengan los lobos. No te permitirán alcanzar más poder, ya tienes demasiado. Son tus enemigos y acabarán contigo tal como hicieron conmigo. Con ese objeto y mi ayuda jamás podrán hacerte daño y si ellos lo encuentran primero todo estará perdido.”

La vehemencia con que Emerik le instaba a encontrar el objeto, conocer el secreto de su existencia y la amenaza de los lobos comenzaron a atormentarlo. Y como ni las cosas buenas ni las malas suelen venir solas, algunos espíritus oportunistas decidieron acecharlo.

Por eso aquella mañana Bogdan se sentó frente a la imagen de Veles. Pidió sabiduría para tomar sus decisiones y prudencia para sus actos. Después entregó las ofrendas que había traído al dios enterrándolas junto a las raíces de los árboles.

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