El nacimiento de Natasha Ipovanova

enero 13, 2008

Cuando Natasha nació el 29 de febrero de 1974, su llanto era lo único que se oía en todo el barrio. El médico, un ateo y materialista miembro del Partido, cortó el cordón umbilical ofendido, quejándose acerca del oscurantismo y la ignorancia de un pueblo que, alienado por la superstición, se escondía tras ventanas y puertas cerradas a cal y canto. Sentía vergüenza ajena por ser vecino de quienes, idiotizados por el miedo, habían colgado cruces en las puertas desafiando incluso la autoridad del estado, demasiado permisivo en materia de religión. Ni siquiera había encontrado un taxi en ese día particularmente nefasto para las costumbres de las muchas aldeas que se aglomeraban en esa ciudad artificial que era Insk.
Cuando el médico preguntó a la parturienta por otros miembros de la unidad familiar, Svetlana dijo que su camarada madre estaba atendiendo a los fantasmas que se agolpaban en la habitación de al lado, ya que tienen por costumbre traer regalos de agradecimiento cada 29 de febrero, y que las cruces de las puertas eran para guiar a los muertos que no conocían muy bien Insk, y que se veían obligados a hacer un largo viaje desde los cementerios inundados de las aldeas del valle para secar los huesos en la estufa de su pequeño salón.
El médico ofreció la niña casi con reparo, afirmando, muy serio, que no era hombre a quien gustaran las bromas y Svetlana, ya con Natasha en sus brazos, sentenció con tono de reproche que Dios no es una broma, y que ante el milagro de la Vida hasta un miembro del Partido debía tener más respeto.
Iván Antonov se disponía a decantar la discusión hacia el eterno tema de la presa y de la necesidad del sacrificio de unos cuantos pueblos agrícolas en pos de dotar a la industria de energía eléctrica, pero el médico sintió cómo un lento escalofrío recorría su columna vertebral desde la nuca hasta el final de su espalda. Pensó que podía ser fruto de la sugestión mental y que tal vez, husmear en el registro de personas con poderes psíquicos de Insk donde Svetlana y su madre Maurea figuraban como médiums, telépatas y amuletos, no había sido del todo buena idea.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s