La Copa

febrero 27, 2009

Y he aquí que, al alcanzar mi caballo el claro de la fuente en el bosque, sólo encontré una copa olvidada. La comitiva que parecía haber estado de celebración -y cuya fantasmagórica música me atrajo desde la distancia-, tuvo que haberse marchado con gran premura, de lo contrario no cabía imaginar que hubieran abandonado lo que podía ser la obra maestra del más avezado artesano. Era tal la belleza de su figura -digna de la mesa de un rey-, que no sé por cuánto tiempo me sentí incapaz de tocarla. Decidido al fin, la alcé del suelo y quedó iluminada por la luz de la luna que ya declinaba; sólo entonces pude ver, grabados con delicadeza en su borde, estos versos apenas revelados por su tenue resplandor:

Astrum in homine,

paladar y vino;

fermento de la uva terrena

y esencia del niño divino.


bosque-nocturno5

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Por supuesto que Onoe conocía el mito.

5

Isis y Osiris

Mito de Isis y Osiris contado dos milenios antes
por otro pensador, Plutarco.

“Osiris gobernaba sobre Egipto como un rey beneficioso que trajo a su pueblo la civilización, pues le enseñó el cultivo de cereales y estableció las leyes y el culto a los dioses, mientras su esposa Isis les enseñaba la música.

Pero esta situación idílica provocó la envidia de su hermano Tifón, que reinaba sobre el desierto, quien comenzó a conspirar contra él con un grupo de sus adeptos. Al regreso de un viaje civilizador fuera de su país, en el curso de una cena de bienvenida, Osiris fue invitado a introducirse en un cofre de madera de cedro que su hermano había traído a la sala, tras haber prometido que lo regalaría a quien mejor le encajase. Naturalmente, había sido realizado para que sus medidas coincidieran con las del monarca. Cerrada la tapa, el ataúd fue tirado al Nilo, donde el rey muere ahogado, y es arrastrado hasta el mar.

Isis, inconsolable, buscó a su marido muerto hasta encontrarlo en el palacio de Biblos. Allí tuvo que introducirse con estratagemas hasta obtener del soberano local la autorización para repatriar a Osiris. Tan pronto como llegó al Delta, mientras ella se encontraba alejada un momento, el cadáver fue encontrado por Seth durante una cacería. Colérico, éste descuartizó a su hermano muerto en catorce partes, que él mismo se encargó de desperdigar por todo el país. De nuevo, la esposa fiel salió en búsqueda de su marido por segunda vez. En cada lugar donde localizaba un fragmento, fabricaba una imagen que enterraba, lo que explica el gran número de ciudades que cobijaba una de estas reliquias en su santuario. La única parte que no consiguió encontrar fue el pene, pues Seth lo había tirado al río y se lo habían comido unos peces. Isis lo solucionó con sus habilidades mágicas y creó uno artificial. Éste permitió que llegaran a tener relaciones sexuales y que engendraran un hijo, en el que se transmitiera el principio vital paterno.

Tras la concepción, Osiris pasó a gobernar el mundo inferior, donde se encuentran las semillas de la vida, mientras Isis, por consejo de Thot, se escondía en Jemis, una isla pantanosa del Delta. En ella, Horus se mantuvo oculto hasta que creció y pudo combatir contra su tío Seth para recuperar la herencia de su padre, el trono de Egipto.”

 

6

El Trabajo de Isia

– ¿El hermoso nombre de Isia es un homenaje a Ella? – dijo Onoe con el mayor de los reproches.

Isia miraba a Onoe dejando que su silencio asintiera.

– ¿He de llamarte a ti, que me miras con ojos metálicos, Reina de los Dioses?- continuó el doctor- a ti, que tienes la sangre de máquinas, ¿he de llamarte Fuerza Fecundadora de la Naturaleza como se le llamaba a Ella? ¿Qué delito cometeré si en lugar de autómata te llamo Señora del Cielo, de la Tierra y del Inframundo? Si me niego a nombrar a una máquina como a un humano, ¡¿cómo voy a llamar a una máquina con el epíteto de la Diosa Madre?!

Cuando el doctor tuvo que parar para tomar aire, Isia se inclinó un poco hacia delante y rió con soltura, rió que parecía que se le iban a saltar las lágrimas.

Onoe, superado por la sorpresa de ver a Isia riendo con la espontaneidad de una muchacha sonrió por primera vez en mucho tiempo.

Una de las cosas que más distinguía a un humano de una máquina es la naturalidad de su risa. La risa de Isia era la más bonita y contagiosa que Onoe había disfrutado nunca.

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