La sombra

marzo 30, 2010

Si al menos fueras la sombra de un Guardián del Reino, tal vez habrías intuido, como en un destello, el brillo de las reliquias custodiadas en el templo, el tintineo de los vasos de las ofrendas o el aroma perfumado de los fuegos. Seguirías sus pasos durante la liturgia aunque fuera por estar atado a sus pies, y la armonía oculta te maravillaría aún sin comprender el sentido de sus gestos.  Pero quisiste arrojar luz y ahora ni siquiera sabes mirar hacia ese Hombre que, remoto, escarpado y sin rostro, se convirtió en una montaña infranqueable ubicada en un ángulo imposible.

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