El habitante del valle

agosto 11, 2011

Cuando vives en el valle la vigilancia debe ser perpetua. Eso al menos sé ahora. Se nos ha dicho que las montañas a nuesto alrededor forman una muralla natural, pero todo cambia cuando comprendes que nada, ni siquiera en este mundo, es sólo natural.

Los días de densa niebla, cuando hasta lo cercano se hace invisible, he creído ver caminos desconocidos que serpentean sobre las laderas que ascienden a los bosques. Sé que otros han hablado antes de grietas que conducen muy lejos, tal vez a lo largo de grutas que llegan al límite del reino y terminan en los acantilados. Se cuenta que el océano ruge allí, pero yo creo que canta. Canta alto y profundo recordándonos que aquel que choca contra sus muros se rompe; pero quien lo sabe se salva.

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