El círculo

noviembre 7, 2011

El niño da vueltas
sobre sí mismo,
por la feliz ebriedad del vértigo.
Ni siquiera sabe que es él.
Luego le dicen que es él.
Pero nadie le explica el sentido de eso.

La vida le pasa,
como un juego.
Como una mascarada
que deja todo desierto.
Nadie le habló de eso.
Sólo pasa y ya está.

Y conchas fosilizadas
de los seres del instante,
erosionadas por el aburrimiento,
se elevan para volar alrededor,
en la tormenta de arena
que no deja ver el cielo.
Hasta acabar el niño
sin energía geotérmica,
como Marte.
Sin atmósfera.
¿Hubo vida en Marte?
¿Hubo vida en este o aquel?

Corren y corren
tiempos histéricos,
corren en círculo.
Dando tumbos en sus órbitas.
Alrededor de un sol que se apaga.

No se deduce un sentido
en el hecho de haber nacido
pero se intuye una obligación.
Los bebés llegan
con el olor de la eternidad
y nada perdura.
¿No es eso una señal?

La muerte es inocente:
lo que en verdad la hace justa
es que a unos los siega
y a otros los aúpa.