diciembre 14, 2011

Diciembre. La entrada en la avenida que siempre me trae la sensación de intemporalidad -esa que me recuerda a las veredas descritas por Swedenborg donde los ángeles pasean- hoy ha estado empañada por el extraño calor de este otoño, casi invierno ya. Me doy cuenta que cuando algo así sucede me asaltan fantasías apocalípticas, como si el instante antes de que todo acabara las cosas se pusieran del revés, como si estuviera percibiendo, casi detenido, el momento en que la bomba estalló y la deflagración del aire aún no ha ocurrido, aunque ya ha empezado a calentarse. Las ramas de los árboles todavía están llenas de hojas e imagino el fuego que las consumiría. Pero pienso también en el fuego que las transmuta en el oro del que parecen estar hechas.

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Una respuesta to “”

  1. martinacho Says:

    ¡El maravilloso “Fuego de los Filósofos”! Preciosas imágenes.


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