Senda

enero 27, 2012

Perdóname abuelo
por ser idiota,
perdona
mi queja quieta.

Perdona a mi padre
por dejarse arrastrar.
Perdona a mi madre
por negarse a volar.

Heredé tu dicha
y tu anhelo.
De algo tan mío
que no encuentro.

¿Qué me han robado
que me llena de furia?
¿Qué me han robado
que lo echo tan en falta?

Es como un sueño
que no acierto a recordar.
Una luz
de la que todo es sombra.

Gota
que todo colma.
Sé que me falta.
Sé que lo tengo.

Un silencio tan cierto
que obliga a escuchar en él.
Hasta oír
tus pasos.

Veo tus huellas
en mi camino
como viste las mías
en el tuyo.

No quiero ser
viejo y
no sabio,
ni labrar
páramos yermos.

Gota
que todo colma.
Sé que me falta.
Sé que lo tengo.

“En una época de cambios drásticos, uno puede preocuparse demasiado por lo que acaba o bien obsesionarse demasiado con lo que parece empezar. En ambos casos, se pierde contacto con el presente y con sus posibilidades, oscuras, pero dinámicas.  Lo que importa realmente es la apertura, la disposición, la atención, la valentía para hacer frente al peligro. No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía, fe y esperanza. En tal caso, la valentía es la forma auténtica del amor.”

Thomas Merton, Conjeturas de un espectador culpable