Albedo uno

enero 6, 2009

La niebla engulle su Luna
Luna hundida en las nubes.
No habrá más Luna,
mas lloverá Luna.

Fundido en su reflejo
el incendio devora el Sol.
No habrá Sol,
mas lloverá Sol.

Luna y Sol
¡Que lluevan!
Que el calor nos queme,
que el frío nos queme,
hasta que se fundan de nuevo todos los metales,
hasta que todas las aguas iluminen con luz mortecina.

Un día sin tiempo
cantamos aliento al Sol y a la Luna.
Hierve el horizonte,
el cielo cristaliza
en Sol y Luna
y un Algo concebido.

Esta es la maravilla:
la lluvia lo trae, mostrándolo
la tierra lo cubre, ocultándolo
y el fuego lo une todo.

.

Pez abisal

El último trabajo de la banda Radiohead “In Rainbows” es uno de esos discos que se convierte en una verdadera experiencia musical, en el que los diferentes cortes están al servicio del todo trasmitiendo una sensación general de armonía. Ya lo lograron por primera vez en 1997 con su genial álbum “Ok Computer”, donde se expresaba con precisión la angustia frente a esta época de preocupación por el colesterol y todo lo superfluo, desde el punto de vista de un observador consciente de que lo que está en juego es nada menos que el alma.

Los mensajes de sus canciones quedan magníficamente perfilados por una música que me produce la sensación de cierta intemporalidad, o mejor dicho, la impresión de estar sintonizando una emisora de radio de una realidad paralela con cierto aire futurista, ese ambiente que se respiraría en el año dos mil que imaginabas de niño.

Tras “Ok Computer” nos llevaron a través de terrenos oscuros y evocadores en los que exploraron las posibilidades de su síntesis de pop, rock progresivo, tecno y jazz con sus álbumes “Kid A”, “Amnesiac” y “Hail to the thief”. En este último varias canciones insisten en el peligro de ser succionados por la lógica venenosa de los lunáticos que nos gobiernan cuando se adormecen las alarmas interiores que deberían mantenernos alerta.

Con “In Rainbows” nos regalan (incluso literalmente si quieres descargártelo gratis en su web oficial) una experiencia más luminosa, con melodías que te trasportan junto al mar o bajo las estrellas, paisajes abiertos al horizonte que en el caso de la cuarta canción “Weird fishes/Arpeggi” se convierte en el umbral del más allá. La poesía de su letra y la sensación que va tejiendo su música conforme progresa, componen para mí una imagen tan intensa y significativa como muchos emblemas alquímicos. Según mi interpretación se narra la invitación por parte de una potencia misteriosa a salirse de uno mismo y transformar nuestra forma de estar en el mundo. Convertida en guía y en llamada te lleva a correr hasta el final del mundo y saltar para abandonarte en caída libre desde su borde; llegas así a lo más profundo del océano para ser devorado por las extrañas criaturas que pueblan el abismo que, lejos de acabar contigo, te inician como en el viaje del chamán, y una vez transformado comprendes que eres capaz de escapar golpeando el fondo para emerger por el otro lado.

Aventura alquímica de disolución en lo profundo y regreso tras la transmutación, impresión que esta fantástica canción es tan capaz de evocar en mí como el acrónimo vitriol.

Weird Fishes/Arpeggi

“In the deepest ocean
The bottom of the sea
Your eyes
They turn me
Why should I stay here?
Why should I stay?

I’d be crazy not to follow
Follow where you lead
Your eyes
They turn me

Turn me on to phantoms
I follow to the edge of the earth
And fall off
Everybody leaves
If they get the chance
And this is my chance

I get eaten by the worms
Weird fishes
Picked over by the worms
Weird fishes
Weird fishes
Weird fishes

I’ll hit the bottom
Hit the bottom and escape
Escape

I’ll hit the bottom
Hit the bottom and escape
Escape”

“Es verdad sin mentira alguna, cierto y muy verdadero,
lo que está abajo es como lo que está arriba,
y lo que está arriba es como lo que está abajo
para que se cumpla el milagro de la unidad.

Todas las cosas vinieron y vienen del Uno,
a través de la meditación del Uno,
así han nacido de esta unidad por conjugación.”

Fragmento de la Tabla de Esmeralda atribuida a Hermes Trismegistro.

 

Nebulosa del Anillo en la constelación de Lyra

Nebulosa del Anillo en la constelación de Lyra.

 

Vista aérea del Parque Nacional de Yellowstone

Vista aérea del Parque Nacional de Yellowstone

 

Mineral de ágata

Geoda de mineral de ágata

Transcribo aquí una de las mejores “aclaraciones” sobre la naturaleza del fuego secreto de los filósofos que he encontrado. Proviene de un manuscrito de siglo XVI que se conserva en la Biblioteca Nacional de París. Dice así:

“Yo, Jean Pontanus, he visitado múltiples regiones y reinos, -a fin de conocer verdaderamente qué es la Piedra de los Filósofos-, y después de haber recorrido los confines del mundo, sólo he encontrado falsos Filósofos y farsantes. Sin embargo, por un continuo estudio de los libros de los Sabios, aumentándose mis dudas, he hallado la verdad; pero aún conociendo la materia he errado doscientas veces antes de poder encontrar la operación práctica de esta verdadera materia.
Primero, empecé mis operaciones por las putrefacciones del Cuerpo de esta materia durante nueve meses y no encontré nada. Durante algún tiempo la puse al baño maría y del mismo modo erré. La mantuve y puse en un fuego de calcinación durante tres meses, y operé mal.

Intenté y probé todos los géneros y modos de destilaciones y sublimaciones, según lo que los Filósofos dicen o parecen decir, por ejemplo Geber, Arquelaos y casi todos los demás y tampoco encontré nada.

Por último, intenté alcanzar y perfeccionar el objeto de todo el Arte de Alquimia, de todas las maneras imaginables: por el estiércol, el baño, las cenizas y por otros mil géneros de fuego que los Filósofos mencionan en sus libros; pero no descubrí nada válido.

Por lo cual, durante tres años seguidos estudié los libros de los Filósofos, sobre todo el único Hermes, cuyas breves palabras comprenden todo el magisterio de la Piedra, aunque hable de un modo muy obscuro de las cosas superiores e inferiores, del Cielo y de la Tierra.

Por lo tanto, toda nuestra aplicación y nuestros cuidados sólo deben estar dirigidos hacia el conocimiento de la verdadera práctica, en la primera, segunda y tercera Obra.

No se trata del fuego de baño, de estiércol, de cenizas ni ninguno de los otros fuegos que nos evocan y describen los filósofos en sus libros.

Entonces, ¿cuál es aquél fuego que perfecciona y acaba la Obra entera desde el principio hasta el final? Ciertamente, todos los Filósofos lo han ocultado; pero yo, conmovido por un impulso de misericordia, quiero declararlo junto con la completa realización de toda la Obra.

La Piedra de los Filósofos es única y es una, pero oculta y envuelta en la multiplicidad de distintos nombres, y antes de que puedas conocerla pasarás muchas fatigas; difícilmente la encontrarás por tu propio ingenio. Es acuosa, aérea, ígnea, terrestre, flemática, colérica, sanguínea y melancólica. Es un azufre y también Plata viva (mercurio).

Tiene varias superfluidades que, te lo aseguro por el dios viviente, se convierten por medio de nuestro fuego en verdadera y única Esencia. Y quien -creyéndolo necesario- separe alguna cosa del objeto, seguro que de Filosofía nada sabe. Ya que lo superfluo, lo sucio, lo inmundo, lo vil, lo fangoso y, por lo general, toda la substancia del objeto, se perfecciona por medio de nuestro fuego en un cuerpo espiritual fijo. Esto, los Sabios nunca lo han revelado y, como consecuencia, pocas personas llegan a este Arte, pues imaginan que algo sucio y vil debe ser separado.

Ahora debemos manifestar y extraer las propiedades de nuestro fuego; si éste conviene a nuestra materia tal como lo he dicho, es decir, si es transmutado junto con la materia, entonces dicho fuego no quema la materia, nada separa de ella, no divide ni aparta las partes puras de las impuras, tal como dicen todos los Filósofos, sino que convierte todo el objeto en pureza. No sublima a la manera de Geber, Arnaldo y todos los demás que han hablado de sublimaciones y destilaciones. En poco tiempo se realiza y perfecciona.

Este fuego es mineral, invariable y continuo, no se evapora si no es excitado en exceso; participa del azufre, se toma y proviene, no de la materia, sino de otro lugar. Todo lo rompe, disuelve y congela, igualmente congela y calcina; es difícil de encontrar por la industria y por el Arte. Dicho fuego es compendio y resumen de toda la Obra, sin tomar ninguna otra cosa o por lo menos poco, este mismo fuego se introduce y es de débil ignición; porque con este pequeño fuego se realiza toda la Obra y juntas se hacen todas las requeridas y debidas sublimaciones.

Los que lean a Geber y todos los demás Filósofos, aunque vivieran cien millones de años, no podrían comprenderlo, pues este fuego sólo se puede descubrir por la única y profunda meditación del pensamiento; después será posible comprenderlo en los libros, y no de otra manera. Por lo tanto, el error en este Arte es no encontrar este fuego, que convierte la materia en la Piedra de los Filósofos.

Concéntrate, pues, en este fuego, porque si yo lo hubiese encontrado en primer lugar no hubiese errado doscientas veces sobre la propia materia. A causa de ello, ya no me sorprende que tantas personas no consigan llegar a la realización de la Obra. Yerran, erraron y errarán siempre, en cuanto a que los Filósofos sólo han puesto su propio agente en una sola cosa, que Artefius ha nombrado, pero hablando sólo para sí mismo. Si no fuese porque he leído a Artefius, lo he oído y comprendido, nunca hubiese llegado a la realización de la Obra.

He aquí cuál es dicha práctica: se debe tomar la materia con gran diligencia, triturarla físicamente y colocarla en el fuego, es decir, en el horno; pero también hay que conocer el grado y la proporción del fuego. A saber, es preciso que el fuego externo tan sólo excite la materia ; en poco tiempo este fuego, sin manipularlo para nada, ciertamente realizará toda la Obra. Ya que putrifica, corrompe, engendra y perfecciona la obra entera, haciendo aparecer los tres principales colores: el negro, el blanco y el rojo. Y mediante nuestro fuego la medicina se multiplicará, si está conjunta con la materia cruda, no sólo en cantidad sino también en virtud.

Busca, pues, este fuego con todas las fuerzas de tu espíritu y llegarás a la meta que te has propuesto; pues él es quien hace toda la Obra y es la llave de todos los Filósofos, y en sus libros nunca la han revelado. Si piensas muy profundamente en las propiedades de este fuego antes descrito, lo conocerás, pero de otro modo, no.

Así pues, conmovido por un impulso de misericordia he escrito esto, pero para quedar satisfecho debo decir que el fuego no está en absoluto transmutado con la materia como dije antes. He querido decirlo y advertir a los prudentes de estas cosas, para que no gasten inútilmente su dinero y sepan de antemano lo que deben buscar, por este medio llegarán a la verdad del Arte; de otra manera, no. A Dios.”

Alegor�a de la Alquimia en Notre-Dame