“En una época de cambios drásticos, uno puede preocuparse demasiado por lo que acaba o bien obsesionarse demasiado con lo que parece empezar. En ambos casos, se pierde contacto con el presente y con sus posibilidades, oscuras, pero dinámicas.  Lo que importa realmente es la apertura, la disposición, la atención, la valentía para hacer frente al peligro. No se necesita saber exactamente qué pasa, ni adónde va todo. Lo que se necesita es reconocer las posibilidades y desafíos que ofrece el momento presente, y abrazarlos con valentía, fe y esperanza. En tal caso, la valentía es la forma auténtica del amor.”

Thomas Merton, Conjeturas de un espectador culpable

diciembre 21, 2011

Hoy es solsticio de invierno, el amanecer más “frágil”, la aurora (imagen de la primera) que recuerda el milagro de todas las auroras. Como la eclosión del huevo de un trémulo polluelo nacido para ser fénix indestructible.

diciembre 20, 2011

Una garceta esbelta como un junco, blanquísima, se adentra algunos días hasta la rotonda de la avenida y camina y come insectos de su césped. Pareciera que al venir hasta aquí abre las puertas de la ciudad desde un lugar fabuloso. Quién pudiera seguirla a su retorno.

diciembre 14, 2011

Diciembre. La entrada en la avenida que siempre me trae la sensación de intemporalidad -esa que me recuerda a las veredas descritas por Swedenborg donde los ángeles pasean- hoy ha estado empañada por el extraño calor de este otoño, casi invierno ya. Me doy cuenta que cuando algo así sucede me asaltan fantasías apocalípticas, como si el instante antes de que todo acabara las cosas se pusieran del revés, como si estuviera percibiendo, casi detenido, el momento en que la bomba estalló y la deflagración del aire aún no ha ocurrido, aunque ya ha empezado a calentarse. Las ramas de los árboles todavía están llenas de hojas e imagino el fuego que las consumiría. Pero pienso también en el fuego que las transmuta en el oro del que parecen estar hechas.

El Océano

octubre 26, 2011

“Preguntas sobre el océano: está dentro de la gota.”
Ibn ‘Arabî

El vaivén del oleaje en la orilla del mar se presenta como la respiración de una infinidad que ha consentido en desbordarse en una forma limitada frente a nuestros ojos. Y aún así su inmensidad aturde. Es difícil apartar la vista de él por su belleza e imposible no sentir temor reverencial ante lo insondable que se abre sólo un poco más allá, en realidad en cuanto nuestros pies dejan de tocar fondo. Incluso imaginarse siendo una criatura marina cuyo mundo no es sino éste no disminuye para nada el vértigo y el misterio, sino que lo aumenta al darnos cuenta que nos sería accesible también lo que se encuentra más allá de la superficie.
Bestias gigantes que durante siglos se creyeron leyenda viven en las profundidades y en las simas, y fantaseando con que somos un cachalote joven a punto de embarcarse en la prueba de alguna iniciación guerrera, nos imaginamos partiendo en su busca en lo profundo.
Tratando de encontrar lo irreductiblemente otro nos probaríamos a nosotros mismos buceando hasta el límite del mundo, y las criaturas más extrañas que jamás imaginamos se reflejarían en nuestos ojos y nosotros en los suyos reconociéndonos mutuamente a pesar de todo.

Y he aquí el misterio que quizá no pensamos encontrar al partir en nuestra misión y sin el cual, en verdad, todo resultaría una mera anécdota.

Niño pidendo una nana

julio 15, 2011

Maravillado por las cosas de la vigilia, el niño no quiere dormir y llora. Maravillado por las cosas del sueño, el niño no quiere despertar y llora. Un niño se cubre los ojos creyendo que así se vuelve invisible.

Cántame una nana que no quiero irme.
Cántame una nana que no quiero que te vayas.
Canta para recordarme que no dejaré de oírte.
Cántame una nana, que tengo miedo de echarte de menos.

La Palabra

marzo 21, 2011

“Él se oculta misteriosamente en las razones interiores de los seres creados…, presente en cada uno de ellos totalmente y con toda Su plenitud… En todo lo diverso está oculto Aquel que es Uno y eternamente idéntico.”

Máximo el Confesor

“En la intuición intelectual coincide ser uno en lo cual es todo y ser todo en lo cual es uno (…) Aquello uno mismo, aunque permanezca inalcanzable, es eso uno mismo que es alcanzado en todos los que pueden alcanzarse.”

Nicolás de Cusa

El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es la imagen del Árbol de la Vida sobre un espejo fragmentado. En el reflejo su imagen se multiplicó y Adán, confundido, creyó a cada brote nacido de una semilla diferente. Todo pareció distinto desde entonces. Si hubiera sabido achacar la alteridad a su pensamiento habría comprendido qué responder a la Serpiente:

-No me pides más que tome lo que ya habita mi propio corazón, pues no es otra la esencia del fruto de este Árbol; yo guardo la Luz increada entre sus ramas y él la guarda en mi pecho.

Pero los hijos de Adán crecieron como extraños a sí mismos y a todo, y no supieron ver en los seres del mundo los signos de Dios. Adán al menos supo, mientras daba nombre a las criaturas en el Paraíso, que en ellas deletreaba el Nombre divino, aunque no llegó a leerlo nunca. Para sus hijos quedó la tarea de recomponer lo que está escrito en todo lo creado: la Palabra en la que Dios dice todas las cosas, en la que todas las cosas viven y donde son la Vida misma.

Higuera de la casa del frutteto, Pompeya

La llama

diciembre 16, 2010

El Ángel llena una copa en el Océano sin orillas para guardar el agua en tu pupila. Es por eso que habita allí un punto brillante al que viene a asomarse el Sol; la luz de la llama incorruptible juega en tus ojos buscándose a sí misma.